sábado, 17 de julio de 2010

El miedo que produce cambiar

¿Quién de nosotros no ha sentido temor ante un cambio? .... Yo sí!

Es increible el miedo que produce cambiar. Y es lógico, pues nos educaron con el criterio de que la estabilidad era sinónimo de madurez y de equilibrio emocional. 

Quien cambia es inestable, inmaduro, todavia no ha crecido; porque el ideal de vida para la sociedad es un mundo quieto, para poder ser controlado facilmente.
Vivir en el mismo barrio, habitar en la misma casa, permanecer en el mismo colegio, tener la misma pareja, durar mucho tiempo en el mismo trabajo, escoger una carrera par toda la vida, amarrarse a la misma ciudad y al mismo país...... todos estos sin duda sinónimos de estabilidad.
Ni que hablar de las ideas o de las creencias. Hay que tener los mismos valores, los mismos criterios y la misma mentalidad. Atreverse a innovar es como una "locura" es más importante permanecer cauto que arriesgar. 
Nuestra sociedad valora lo estático que no produce desorden, antes que romper esquemas y que la vida tenga ese sabor diferente. 
El criterio más elemental para cambiar, el más simple si se quiere decir así; es que lo que hemos vivido, lo que hemos estudiado, lo que nos ha acompañado, donde hemos permanecido, no nos ha producido ni la paz ni la armonía esperadas.
Entonces, ¿Que escoger?... Arriesgarse o permanecer, he allí las alternativas
En este punto tengo que aclarar que muchas de las cosas que esperamos de nuestro entorno no se encuentran afuera. En más de una situación el cambio exterior no produce los resultados que anhelamos porque los problemas no son tan sólo de la situación que estamos pasando, de entorno, de la persona que nos acompaña, o del país o de la ciudad en la que vivimos.   

Debo cambiar y arriesgarme, pero también debo manejar internamente la flexibilidad para no apegarme, para fluir, para atreverme. Es el famoso equilibrio; cambiar pero no desbordarse. Cambiar pero no precipitarse o indigestarse queriendo asumirlo todo a la vez. 
Ningún cambio duradero es rápido o instantáneo. Los cambios necesitan un tiempo prudencial para que esten listos. En el cambio no hay horno microondas sino fogón de leña. Porque así sea impactante. lo que permanece quieto es porque está muerto. Lo único que no acepta cambio es la muerte. Sorprende cómo los seres humanos dicen tanto de su personalidad a través de su necesidad o resitencia a los cambios.
Hay personas muertas en vida que no se atreven a cambiar ni siquiera la ruta hacia el trabajo, ni lo que comen, ni se arriesgan a vestirse diferente, a mover los muebles de la casa, o a pasar un fin de semana de otra manera.
Por tal motivo es que cuando no se acepta ningún tipo de cambio dentro de la vida, esta resitencia se puede volver en una enfermedad.
Les voy a proponer algo, porque no empezamos con algo ten sencillo como salir de la rutina por un día; cuantos de ustedes llegan a la oficina y no encuentran nada fuera de lo normal que les llame la atención y utilizan la misma frase estoy aburrido; el trabajo pasaría más rápido y sería más ameno si hubiera algo nuevo de que conversar o de que reirse por un momento?. Pues vistamonos diferente por un día y observemos la reacción de la gente desde nuestra casa hasta el trabajo, les aseguro que cuando lleguen a su destino van a tener una lista inmensa de caras, gestos, palabras y recomendaciones que provocaran un cambio en esa monotonía diaria a la que estamos acostumbrados.         
A las buenas o a las malas, el mundo se mueve y el cambio no nos consulta. 
¡Simplemente seda! Y en ese momento se dan algunas situaciones, me subo en el tren del cambio o me quedo parado y este me atropella.

 

 
 
 
 
     

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